¿Qué haces?


   Bajas las escaleras de tu casa, un edificio no demasiado viejo, en el centro de una gran ciudad. Y empiezas a andar por la derecha de la calle rumbo a la parada del autobús para ir al trabajo. Son las siete y media de la mañana y hace frío. Llegas a la marquesina del autobús y solo hay otra persona esperando. Tendrá más o menos 30 años. Te mira de reojo y vuelve a mirar calle arriba para ver si llega su transporte.

Erase una vez: Un bebe en el congreso


   Y como la anterior  entrada fue sobre la desigualdad de género en la de hoy quiero hablar de la desigualdad de clases y eso que no quería sacar el tema de la política pero como de un tiempo a esta parte hasta me entretiene estoy un poco más puesto.

   Os voy a contar la historia de dos personas ficticias pero que seguro que ambas se os hacen muy familiares. La protagonista de la primera historia se llama Carolina, por ejemplo, madre trabajadora (como muchas en este país) de buena familia, en buena posición y con bastantes recursos económicos (de esas ya no hay tantas), que trabaja como diputada en el congreso (un buen trabajo) de un país en el que en principio todos sus ciudadanos son iguales. La otra protagonista también es una madre trabajadora, podrías ser incluso tu, o tu mujer, o tu hermana o tu mejor amiga, una madre cualquiera de tantas que conoces que también vivía en ese país.

Desigualdad de genero ¿Cómo la vives?


   Tenía muchas ganas de escribir sobre este tema porque sé que este problema afecta a muchas mujeres y hombre pero como yo tengo la gran suerte de que en mi entorno no vivo dicha desigualdad (entendiendo como entorno el círculo de gente con el que interacciono todos los días), me gustaría poder conocer como vives tu la desigualdad y como te afecta. Para que esta entrada sirva como denuncia de esas situaciones injustas que se deberían solventar simplemente con el sentido común.

Mañana


   ¿Sabes que mañana va a ser totalmente distinto a hoy? ¿Te has preparado para todos esos cambios que mañana estarán en tu vida?

   Antes de seguir leyendo pregúntale a tus abuelos si ellos cuando eran jóvenes pensaban en la posibilidad de poder hablar y ver a su nieto que está en otro país por medio de una pantalla de 5 pulgadas, que también iban a utilizar para escribirse con todos los demás miembros de su familia por correo electrónico o whatsApp, que a la vez iban a recibir infinidad de fotos y vídeos en tiempo real de lo que estaban haciendo sus hijos en la playa antes de comerse esa paella que había cocinado con la receta que habían encontrado en ese mismo aparato buscando en Google. Te dirán lo que tú vas a pensar después de leer esta entrada: Eso es imposible.

Aquel que nunca falla entre amigos


   Esas tardes de domingo en las que no apetece salir de casa, vas al cuarto de los juguetes, miras a la última estantería del armario y allí, en lo más alto, aguardan como mínimo una decena de juegos de mesa esperando su oportunidad para hacerte pasar un rato entretenido. Y aunque cada vez más lo digital está invadiendo este sector, siempre nos apetece más sacar esa caja de cartón con ese juego que hace que esa tarde de domingo pase muy rápido. Y eso que últimamente, he de reconocer, que jugamos más a las versiones digitales que a las físicas, pero es debido a la comodidad que aporta una tablet a la hora de desplegar el juego y ocupar el salón (además de dos niños pequeños merodeando alrededor con el peligro que ello conlleva).