Reseña: Historias que no nos contamos

 

    Los que seguís el blog, sabéis que no suelo escribir reseñas de libros, pero de esos que te tocan, tanto por cercanía del autor o por el contenido de sus páginas, es más que una necesidad dejar por escrito las sensaciones que generan en mí esas obras. Al igual que en su momento hice con El Subsuelo de Víctor Solana, hoy le toca a Historias que no nos contamos de Mamen Pueyo Bergua. 


    Este primer libro de Mamen Pueyo es una colección de doce relatos, publicado por Imperium Ediciones en septiembre de 2020.

    Lo primero que te viene a la cabeza desde el momento que lo tienes en tus manos y sin haber leído nada de él, es que va a ser algo íntimo. La portada, con ese dibujo elegante de la mujer sobre un baúl cerrado, completa a la perfección el título del libro: Historias que no nos contamos. Mamen está dejando claro, que lo que hay dentro del baúl, son situaciones, experiencias, hechos, que todo el mundo puede llegar a sentir o vivir en algún momento, pero que, al igual que ella había hecho hasta la publicación del libro, quedan retenidas en el interior de las personas. Pero como bien dice ella en una de las citas del interior: "Si cada persona fuera un libro, nos daríamos cuenta de que las historias de su interior son más valiosas que la portada". Así que esto promete.

Historias que no nos contamos

    Una vez abres el libro, te encuentras varias citas que ya preparan a tu cabeza para lo que va a venir. Me reafirman en la intimidad y lo personal de lo escrito, puesto que la autora no puede quedarse con una sola cita y deja constancia de cuatro frases de distintos autores.

    El prólogo, a cargo de María Carmen Escartín, no hace más que confirmar mis sospechas. Vamos a leer el interior de Mamen. No lo que salga de su imaginación, como ocurre con la mayoría de autores, sino lo que sale de su ser, de su esencia.

    En el título de cada relato nos encontramos con un mes del año y una o varias citas relacionadas con el mismo. No quiero desgranar aquí y a fondo cada una de estas doce historias, que por otra parte, lo haré con la autora en cuanto tengamos ocasión, pero si que os contaré las sensaciones al leerlas. Recogen sentimientos tan evidentes y claros que consiguen ponerte en la piel de los protagonistas, diciendo para ti mientras lees: "claro, yo haría lo mismo". Son historias cotidianas, de personas cotidianas que tienen su magia en que cualquiera podrías ser tú. Describe las situaciones con una sensibilidad que, sin remedio, te hacen sentir lo que mueve por dentro a sus personajes. Sin la necesidad de profundizar en sus vidas, solo relatando el momento, entiendes por lo que están pasando ya que, en algún momento, tú has podido pasar por una situación similar, o has pensado obrar igual que el personaje. Todos esos sentimientos que generan los relatos como el amor, la esperanza, el odio, el miedo... son tan evidentes, que tú como lector, los sentirás en la misma, sino más, intensidad que los protagonistas.

     Bien escritos, con buen ritmo y con una elegancia impropia de una escritora novel. Aunque cuando se habla de relatos, es sabido que siempre hay mejores y peores, no te dejará la sensación de que ninguno de ellos se quede cojo. Todos tienen algo que te hacen asentir cuando los terminas, dando, la mayoría de las veces, la razón a la autora. De algunos de ellos querrás saber más sobre todo lo que los rodea ("esto da para un libro entero", pensé al terminar varios). Pero ella hace que con lo que pone en el papel, una vez terminar de leer el relato, cierres el libro unos instantes para asumir lo que te ha contado.

    La pregunta ante estos libros, es siempre la misma: ¿Cuál te ha gustado más? Como no puede ser de otra forma, y como siempre me mojo, he de decir que por haberlo leído antes de la publicación y como ha quedado en su versión final me quedo con Víctimas que nadie llorará. Porque es una realidad que no se ve y que nadie quiere contar.

     En definitiva, un buen libro, de los que en su momento tocará releer porque tiene un poso mágico que te atraerá a sacarlo de la librería y colocarlo en la mesilla.

  

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