¿Qué haces? (tercera parte)

Continuación de ¿Que haces? (segunda parte)



      "¡No puede ser!, ¡Esto no me puede estar pasando a mi!", el móvil cae de mi mano, todo empieza a darme vueltas, siento que me falta el aire. Voy al baño me lavo la cara con agua fría, tengo que centrarme y pensar que hacer. Tengo que acudir a la cita, eso está claro, la vida de mi marido está en juego. "¿Todo esto es por el dinero?, ¿por la nota? pues habrá que traducirla aún tengo 2 horas". Busco en Internet palabra por palabra, pero la nota no tiene sentido para mí. La hora se acerca, tengo que salir de casa, busco un cuchillo y lo escondo entre mis ropas, llamo a mi amiga Carolina, salta el contestador, y le dejo un mensaje: "Si en tres horas no recibes noticias de mías, llama a la policía".

Vas directamente al lugar de la cita, es un descampado bastante grande, la luz escasea y comienza a llover. Sigues avanzando por el descampado hasta que te encuentras en el medio. Miras a tu camisa, dos pequeños punto rojo se mueve por tu pecho. Sabes lo que es, te están apuntando. Un grito rompe el silencio: "Deje el sobre en el suelo, dese la vuelta y aléjese veinte pasos".

Estoy aterrorizada, hago lo que me dicen, "¿DONDE ESTA MI MARIDO?" grito varias veces.

Un foco se enciende iluminando a Alberto, lo ves, parece estar bien, está al otro lado del descampado de rodillas. La orden es clara: "Dese la vuelta le avisaremos cuando pueda girarse". Haces caso, tus piernas tiemblan, pero sabes que es mejor no desobedecer. Pasan dos minutos eternos. Los puntos rojos ya no bailan en tu camisa. Te giras y ves a tu marido en la misma posición que antes. El sobre que dejaste en el suelo ya no está. Solo hay silencio.

"SUELTEN A MI MARIDO" "¡Ya tienen lo que querían!” grito mientas avanzo poco a poco hacia donde él está, con el cuchillo escondido en la manga.

Llegas hasta donde de está Alberto, aparentemente no hay nadie cerca. Lo abrazas, está tiritando. Le cuentas todo lo que te ha pasado y él hace lo mismo. Cuando paró en un semáforo volviendo del trabajo dos tipos se le metieron en el coche apuntándole con una pistola, les llevó a las afueras y allí le dejaron inconsciente. Ya no se acordaba de más. Tú misma tiemblas cuando te lo cuentas y le vuelves a abrazar. Juntos vais a casa. Suena el teléfono, descuelgas, es Carolina. Le dices que no se preocupe que estáis bien y que mañana le contarás.

- Pero, ¿no has visto Internet todavía?, te pregunta sorprendida
- No, ya te contaré
- Pon cualquier página y llámame luego, anda", te insiste.

Enciendes el ordenador y entras en Internet. En tu página de inicio ves algo raro. Una ventana de vídeo está emitiendo la imagen de una chica amordazada. No se te hace desconocida. Gritas: "La de la parada, es la de la parada".

"Esto ya es demasiado, ¿en que nos hemos metido?, grito a mi marido" Decidimos llamar a la policía para que vean el vídeo mientras hacemos las maletas, tenemos huir del país hasta que todo se resuelva. Llamamos a familiares y amigos "¡Nos vamos de vacaciones! Necesitamos un descanso" nadie puede saber que ha pasado, no podemos arriesgarnos a un nuevo secuestro. Cogemos un avión, destino... el Caribe.


Llegas al paraíso, después de estos días de estrés, sabes que te va a sentar de miedo. El hotel es enorme, como te esperabas, no es la primera vez que vas. Pasas los días con tranquilidad, relajada, disfrutando. Al quinto día tu marido propone hacer una excursión a la capital, Santo Domingo, tú no lo ves mal ya que en anteriores viajes no habías ido.


Montáis con un nativo en un taxi que os pasa a recoger por el hotel. Llegáis a vuestro destino y empezáis a andar, todo es bonito, evitáis los barrios pobres. Mientras tu marido te hace una foto con un dominicano haciendo un puro, detrás del tumulto, ves alguien al que reconoces al momento. Es el tipo al que le diste en las rodillas. "¿El sobre?", piensas. Casi te destroza en su día, no se te ha olvidado su cara. Te cambia el semblante, tu marido se da cuenta y mira para atrás, no ve nada.

"¿Que pasa?, pregunta" Le agarro la mano y tiro hacia mi sin pronunciar palabra. Tenemos que escondernos, él no me ha visto. "¿Que hace ese hombre aquí?, ¿nos está siguiendo?, pero ya tiene lo que querían". Mientras  nos mezclamos entre la gente le explico todo a mi marido. Decidimos buscar ayuda "¡MARIO!, exclama Alberto, "vamos a buscarlo".

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