¿Qué haces?


   Bajas las escaleras de tu casa, un edificio no demasiado viejo, en el centro de una gran ciudad. Y empiezas a andar por la derecha de la calle rumbo a la parada del autobús para ir al trabajo. Son las siete y media de la mañana y hace frío. Llegas a la marquesina del autobús y solo hay otra persona esperando. Tendrá más o menos 30 años. Te mira de reojo y vuelve a mirar calle arriba para ver si llega su transporte.


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   Un coche rojo frena bruscamente delante de la marquesina, una enorme masa de músculos baja del coche con un pasamontañas en la cabeza. Sus ojos azules se encuentran con los tuyos, levanta a la persona que esta a tu lado como si fuera una pluma y la mete en el coche, este arranca derrapando y se pierde en la esquina cercana.

 
   
   Intento memorizar la matricula mientras vuelvo corriendo a casa, muy muy asustada, a buscar a mi marido

   Cuando consigues recuperar el aliento le cuentas a tu marido lo que has visto, "Hay que llamar a la policía", te dice él. "Si", respondes. Al otro lado del teléfono una señorita muy amable toma nota de lo que le dices. Te sugiere que la matricula hubiera sido muy útil, pero aunque te llegaste a fijar, no consigues recordarla, tus nervios te traicionaron. Tu marido te dice que si quieres te acompaña al trabajo, y le pides que lo haga. Una vez en tu despacho no te puedes concentrar mucho en el trabajo diario cuando de repente suena el teléfono, descuelgas y se presenta García, detective de la comisaria del barrio. Te pide por favor si puedes ir a declarar ya que solo tú has sido testigo del secuestro de esta mañana."¿Puedes venir a la comisaría a las 15.00?", pregunta.

   "No hay problema" le contesto. Lo comento con mi jefe por si no llegara a trabajar y quedo con mis padres para que me acompañen ya que mi marido, esta semana, trabaja de tarde, y no voy a ir sola porque en la situación hay algo que me chirría.

   Por la radio del coche de tu padre, de camino a la comisaría, escuchas como dan la noticia del secuestro de alguien en tu barrio. Dicen el nombre pero no te quedas con él. Llegas un poco antes de la hora a la que has quedado con García y cuando estás entrando en la comisaría se cruza contigo un tipo bastante alto. Sus ojos azules no se te hacen desconocidos.

   No presto mucha atención, mi subconsciente está en la parada del autobús y los nervios empiezan a florecer.

   Llegas a la recepción de la comisaría y preguntas por el despacho de García, te señalan hacia el pasillo del fondo. Te plantas delante de la puerta, llamas con los nudillos y bajas los brazos, sigues muy nerviosa. García abre la puerta y después de la primera mirada ya te haces una idea de que tipo de persona es: atractivo, algo mayor, interesante y seguro que inteligente, piensas mientras observas su pelo canoso.

   Te pregunta por lo que has visto y te pide si podrías identificar a la persona que ha secuestrado a Ortega. Le da un trato muy familiar, cercano. Tras explicarle lo poco que has visto te entrega una tarjeta con su número de móvil. Te pide que si recuerdas algo le llamas cuanto antes y se despide. Al salir de la comisaría recibes un mensaje en tu móvil de un número oculto: "Sabemos lo que has hecho".

   Muy muy asustada vuelvo a entrar rápidamente a la comisaria con mi padre en busca de García o a alguien a quien pueda enseñarle el mensaje.

   García andaba por ahí y al verte de nuevo se acerca a preguntarte, le enseñas el mensaje y el te coge el móvil para intentar rastrearlo. Pasada media hora te devuelve el móvil y te dice que no han tenido éxito en el rastreo y que ya te puedes marchar a casa. "Una patrulla te escoltara y se quedará estos días por tu casa por si acaso", te dice mientras te tiende la mano para despedirse.

   Cuando llegas a tu casa, te despides de tu padre y aprovechas para darte una ducha relajante, te pones el pijama, te preparas la cena y una copa de vino. Cuando estás terminando suena el video-portero de la calle. Es García.

   Continuará...


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