Indispensable: Rompida de la hora de Andorra


   Pese a mi animadversión a casi todos los tipos de ruido, he tenido la suerte de haber dejado atrás prejuicios creados sin base alguna en mi cabeza y poder sentir algo distinto con gente distinta e instrumentos distintos.

   Hoy, gracias a mi amiga Bea, he podido presenciar la rompida de la hora en Andorra a las 12.00 de la mañana y solo puedo decir que he quedado absolutamente impresionado por muchos elementos que se juntan en esa pequeña plaza del centro del pueblo (aunque todos con los que he hablado me han asegurado que es mejor la rompida nocturna).
 
   Poco a poco vas acercándote a la plaza donde se concentran los andorranos para romper en un unísono estruendo sus bombos y tambores. Por la mañana ya se escuchan los grupos de amigos o familiares que ya están calentando sus palillos y mazas (hasta la rompida de media noche de Jueves Santo no puede sonar ningún tambor ni bombo) esperando el momento con una pasión desbordada. Todos vestidos con túnica negra y cinto carmesí y el instrumento que desde su más tierna infancia llevan aporreando cada vez que llegan estas fechas.

Rompida de la hora de Andorra (Teruel) 
   Sientes que ahí va a pasar algo especial. Lo ves en los ojos de los padres mirando a sus retoños que ya cargan pequeños bombos proporcionados a su estatura. Lo ves en los jóvenes que desde la rompida de la noche anterior, siguen sin dejar de tocar en toda la madrugada, y desean volver a hacerlo con sus fuerzas renovadas. Se ve en los más mayores del pueblo que no atienden a la cantidad de veces que han acudido a esa misma plaza y nerviosos esperan como si fuera la primera vez que lo hacen. Se siente en el ambiente.
  
   Lo primero que te encuentras cuando llegas a la plaza y te mezclas con toda esa marea negra es un bombo enorme que permiten tocar a los turistas para que sientas el ruido, o mejor dicho para que sientas lo que genera el ruido. Reconozco que no lo he golpeado pero me he quedado con las ganas (para la próxima). Después nos hemos mezclado con todos ellos como si fuéramos parte del previsible alboroto que allí se iba formar y nos hemos visto envueltos y arropados por una cantidad de tamborileros que se multiplicaba cada minuto que pasaba. 
  
   Los sonsonetes seguían sonando pero entonces, justo a las 12.00, desde un balcón del edificio que guarda la plaza, una maza se ha alzado y se ha agitado en el aire haciendo círculos como si fuera el lazo de un vaquero dispuesto a cazar una res salvaje.
  
  

  El silencio ha conquistado la plaza, algún silbido para avisar a los poco tambores que seguían sonando libres que debía cesar su actividad. Al momento, aún sobrecogido por el mutismo de la plaza, la maza ha golpeado el bombo del balcón e inmediatamente todo el pueblo ha seguido ese impacto, reventado los instrumentos que tenía cada uno. El ruido que se ha generado aún me ha sobrecogido más que el silencio previo. Cada golpe coordinado por la marea ha generando sensaciones que no puedo explicar con letras. Mis pequeños tapándose los oídos, mi mujer no sabía a donde mirar, los ojos llorosos de mi amiga tampoco ayudaban mucho a contener una emoción que sin saber muy bien porque me estaba inundado por completo. Cada impacto se aunaba a mi respiración y aunque la algarabía se ha posado en mis tímpanos casi doliendo, rápidamente ha bajado a mi pecho donde se ha instalado durante todo el rato que allí nos hemos quedado. Sin palabras. De verdad no lo puedo describir.

   Solo me queda recomendaros que por lo menos una vez en la vida, acudáis a vivir este estruendo rítmico, aunque solo sea por saber si alguno puede definir lo que se siente cuando el ruido de la marea negra entra en tu interior.

   ¿Has vivido alguna?¿Puedes describir lo que se siente?

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